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territorio · 21 de mayo de 2026

La leyenda y el ritual detrás de la Colada Morada

Mucho antes de la llegada de los españoles, las culturas precolombinas del Ecuador celebraban un ritual sagrado cada noviembre para honrar a sus ancestros.

Por Paola González Obando

Mucho antes de la llegada de los españoles, las culturas precolombinas que florecieron en lo que hoy es Ecuador, los Incas, los Cañaris, los Cotocollao, y los Caranquis, celebraban un ritual sagrado cada noviembre para honrar a sus ancestros. Esta antigua ceremonia se llamaba Ayamarcay Quilla, una palabra en quichua que significa “el mes de cargar a los muertos en los brazos”.

Durante este ritual, las familias visitaban las tumbas de sus seres queridos, los levantaban de la tierra, los cargaban sobre sus hombros, y caminaban con ellos, dando la vuelta alrededor de sus casas y aldeas. El término “Ayamarcay” significa “levantar a los muertos”, y su raíz aún vive en expresiones modernas. En español, por ejemplo, “amarcar” significa levantar y acunar a un niño en los brazos, un eco tierno de un antiguo acto de memoria.

En la celebración del Ayamarcay Quilla, la ofrenda más sagrada era la sangre de una llama, símbolo de vida, vitalidad, y la naturaleza cíclica de la existencia. Para la mayoría de las culturas andinas, la muerte no era un final sino una celebración, un homenaje a la vida vivida, y una forma de reafirmar el vínculo eterno entre los vivos y quienes habían cruzado al otro reino.

Al exhumar los cuerpos y cargarlos una vez más, decían simbólicamente: “Aunque ya no camines entre nosotros, esta casa, esta tierra, esta comunidad siempre serán tuyas.”

Luego llegó la colonización española, y con ella, el miedo y el malentendido. Los conquistadores vieron estas ceremonias como rituales paganos, actos bárbaros que necesitaban ser borrados. Su misión nunca fue entender al pueblo o sus cosmovisiones, sino dominar la tierra, incluso si eso significaba borrar las historias y tradiciones que ya vivían aquí.

Entonces reemplazaron la sangre sagrada de la llama con una bebida dulce, espesa, y morada, hecha con frutas y especias que pudieran imitar el color de la vida. Así nació la Colada Morada. Y para representar a los muertos, crearon las Guaguas de Pan: figuras de pan con forma de niños, un símbolo tierno de memoria y continuidad.

Esta mezcla de creencias indígenas con influencia colonial es lo que los historiadores llaman sincretismo religioso: un proceso que ha ocurrido en muchas partes del mundo. Por ejemplo, los Incas alguna vez adoraron a los Apus, los espíritus sagrados de las montañas. Cuando llegó el cristianismo, esta reverencia se transformó; en lugares como Cusco, todavía se pueden ver pinturas de santos y vírgenes con forma de montañas, un recordatorio silencioso de que los viejos dioses nunca se fueron del todo, solo renacieron en nuevas formas.

Como dice el dicho, para que una cultura desaparezca, sus historias deben dejar de contarse.

Así que esta temporada, cuando bebas Colada Morada y comas Guaguas de Pan, recuerda que no solo estás disfrutando de un plato tradicional; estás participando en un antiguo ritual de conexión. Estás dando la bienvenida de regreso a tu hogar a los espíritus de quienes vinieron antes, trayendo a la mesa no solo su memoria, sino las risas, las historias, y el amor que alguna vez llenaron sus vidas juntas.

Que este ritual perdure, vibrante, morado, y vivo como puente entre mundos, y como celebración de todo lo que permanece eterno.

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